20-05-2022

¿PUEDE UN PACIENTE GRABARME MIENTRAS LE PRESTO ASISTENCIA MÉDICA?


Los profesionales sanitarios, a diario, se enfrentan a situaciones comprometidas. Las nuevas tecnologías, la telemedicina y la gran accesibilidad a dispositivos electrónicos está llevando a que los pacientes acudan a la consulta preparados para obtener una grabación de la asistencia médica que se presta, y esta “moda” empieza a generar tensiones.

Los médicos que sospechan que están siendo grabados sin su consentimiento, tendrán dudas sobre los motivos que generan dicha actuación. Por ello, pueden cuestionar su toma de decisiones, replantear sus evaluaciones ante las pruebas diagnósticas y si tomaría o no las mismas decisiones si quien tuviera delante fuera un abogado o un juez. Ello potencia una cultura de medicina defensiva.

Así las cosas, el profesional, además de cuestionarse la legalidad de esta práctica, puede plantearse otras cuestiones: ¿Puedo negarme a que sea grabado? ¿Qué consecuencias tendría si no lo autorizo?

El Tribunal Constitucional da una respuesta clara a estas cuestiones. distinguiendo entre conversaciónes “externas” e “internas”. Sobre todo, depende de si participamos, o no, en ellas. Esta distinción marca el límite entre lo lícito y lo ilícito, de tal manera que si alguien graba una imagen o una conversación de la que no es parte. está vulnerando el artículo 18.3 CE (Derecho al secreto de las comunicaciones); mientras que, si es parte, no comete vulneración alguna de dicho derecho (STC 11/1984, de 29 de noviembre).

Así las cosas, pese a que una conversación grabada sin consentimiento del médico debilita la naturaleza de la relación entre el paciente y el médico, con la legislación vigente, los profesionales deben ser conscientes de la posibilidad de que sus conversaciones con sus pacientes pueden ser grabadas.

De manera que, si el médico sospecha que una conversación está siendo grabada, éste puede gestionarlo en beneficio de todas las partes. Puede solicitar de modo directo al paciente y familia si va a ser grabado y, en caso afirmativo, autorizarlo a fin de que se ponga en valor el uso constructivo de tales grabaciones. Sobre todo, para educar al paciente acerca de los derechos de privacidad de otros pacientes y con el fin de evitar potenciales violaciones del secreto médico.

De otro lado, el médico también podría ignorar cualquier sospecha y proporcionar el cuidado que haría normalmente, sin dejar que la posibilidad de la grabación afecte a la relación médico – paciente ni a su toma de decisiones terapéuticas.

Sería cuestión distinta si dichas grabaciones son difundidas pues, en esos casos, entran en juego terceras personas ajenas a las conversaciones. Pudiendo, en ese caso, vulnerarse otros derechos fundamentales como el derecho a la intimidad recogido en el artículo 18.1 CE, y estar cometiendo un ilícito, contenido en el artículo 197 del Código Penal y castigado con penas de prisión.

Tamara Plaza

Abogada DS Legal