09-07-2015

¿Dónde está el límite entre la medicina defensiva y el error diagnóstico?


Esta es una pregunta recurrente que muchos profesionales de la medicina se hacen constantemente. Los especialistas sanitarios están lo suficientemente cualificados como para saber qué pruebas han de realizar, o, mejor dicho, cuáles no son necesarias para conocer el diagnóstico correcto de la patología que presenta un paciente.

Pese a lo anterior, en algunas ocasiones se puede emitir un diagnóstico erróneo que a priori no manifiesta la realidad de lo que tiene el paciente. Las consecuencias que se dan tras el paso del tiempo, una vez que se precisa dicho diagnóstico, pueden ser perjudiciales para el mismo.  Por ello, en el momento en el que el facultativo recibe la reclamación derivada de ese posible error, comienza a sentir intranquilidad, ya que no sabe qué va a ocurrir, y la continuación de su día a día laboral se convierte en un constante manantial de dudas sobre cómo actuar en cada momento.

Esta desconfianza lanza al médico a realizar a todos los pacientes infinidad de pruebas accesorias e innecesarias, lo cual, acarrea un despilfarro de recursos que no aporta ningún beneficio, ni para el paciente, ni para el doctor, ni para la sociedad en general, más aún si hablamos de Sanidad Pública. Es en ese momento cuando el doctor se encuentra ante la importante disyuntiva de decidir si sigue por el camino equivocado, malgastando medios, o por el contrario, demuestra su valía tomando el camino correcto, el de ser un buen médico. Así de clara es la idea. La práctica de este tipo de medicina, que no debe confundirse con lo que es un trabajo perfeccionista y minucioso, crea profesionales irresponsables.

No tirar la formación por la borda.

Se hace una afirmación tan inflexible, porque hablamos de una profesión a la que se llega, como hemos dicho, tras varios años de estudio y después de un examen y una especialización como médico residente de entre cuatro a cinco años de duración que le reporta unos extraordinarios conocimientos. Se puede afirmar que es una profesión de formación impecable; más si cabe cuando implica cuidar de uno de nuestros bienes más preciados, la salud. Tirar todo este duro aprendizaje por la borda por un posible error diagnóstico es una pena.

Para poner la barrera que decíamos al principio entre error diagnóstico y medicina defensiva hay que tener muy presente que las valoraciones se llevan a cabo en el momento ex ante, según lo que se observa en el instante concreto en el que se está examinando al paciente.

Es muy fácil, tras la posible reclamación, hacer un análisis de la actuación llevada a cabo sobre el paciente y realizar una valoración al contrario, ex post, pensando que se podría haber hecho una u otra prueba que no se llegó a realizar, pero dudando realmente de su efectividad determinada.

Lo anterior es un gran desacierto, ya que lo que se puede considerar como un error diagnóstico puede ser perfectamente correcto. La medicina es, como ya se sabe, una ciencia inexacta de medios y no de resultados, con un margen de error.

Evidentemente, cierta angustia es del todo entendible en caso de reclamación. Sin embargo, el facultativo ha de tener siempre presente que posee los conocimientos suficientes como para realizar bien su trabajo y, por tanto, para conservar nuestra salud de la mejor manera posible según los medios con los que cuente. Cada caso es independiente entre sí y, por tanto, el profesional no ha de basar su actuación sobre un sujeto, por las posibles consecuencias ocurridas con otro anterior que pueda haber derivado en una reclamación.

Todo lo expuesto, desde la perspectiva jurídica que aportan los casos del día a día, siempre desde el respeto, e insistiendo en que el profesional conoce perfectamente las decisiones que ha de tomar para encontrar ese equilibrio entre medicina defensiva y error diagnóstico que es el súmmum de la medicina precisa y diligente.

Álvaro Gutiérrez Cuadrado, Abogado @DSLegalGroup

Publicado en Acta Sanitaria