27-07-2015

La obligación de resultados está condicionada por la colaboración del paciente


Madrid.- La medicina es una ciencia donde suele prevalecer una obligación de medios, por la que se ofrecen todas las posibilidades a su alcance para conseguir sanar al paciente. Como en todo hay excepciones. En este caso, la encontramos en la medicina voluntaria donde al actuar sobre un cuerpo sano se garantiza una mejora en el aspecto externo. Para esta garantía, indudablemente, hay que cumplir las indicaciones de los profesionales.

Los padres de un paciente demandaron a una odontóloga, reclamándole, en concepto de responsabilidad civil, una cantidad de 5.000 euros más los intereses legales desde la fecha de interposición de la demanda.

Los denunciantes declararon que fueron a la clínica en busca de un tratamiento para corregir la dentadura de su hijo menor. En esa visita, la profesional les prometió que en unos años el hijo tendría una dentadura perfecta, algo que se podía comprobar en el consentimiento informado.

La juez manifestó que según la jurisprudencia la obligación del médico es una obligación de medios, aunque en algunos casos ésta se convierte en obligación de resultados, como ocurre con la medicina voluntaria o satisfactiva. En este segundo tipo de actuaciones, el profesional actúa sobre un cuerpo sano con el objetivo de mejorar su aspecto externo (cirugía estética, perfectiva o de embellecimiento y ortodoncia). Casos como estos son los que suponen una obligación de resultados. Si por el contrario se demuestra el nexo causal entre la actividad médica y un resultado que no es el previsto, nace la obligación de reparar.

En el caso que explicamos la finalidad del tratamiento era obtener una dentadura perfecta mediante la corrección de las piezas dentales, por lo que la doctora se comprometió a un resultado concreto.

Hay que destacar que el tratamiento de ortodoncia se inició en mayo, otorgando la demandante, como representante legal de su hijo menor, el consentimiento informado. Sin embargo, transcurridos siete meses desde el inicio del proceso volvieron a acudir a la clínica, no dando tiempo suficiente para que el tratamiento alcanzara los resultados a los que se había comprometido la demandada. Esta circunstancia fue además corroborada por diferentes testigos durante el juicio, que afirmaron sin ninguna duda que un tratamiento de este tipo debe tener una duración de entre dos y tres años para que surta el efecto deseado.

De esta manera, no pudo acreditarse el nexo causal entre el tratamiento y la frustración del resultado obtenido, ya que el paciente no dio el tiempo suficiente y razonable para que se desarrollara con normalidad y poder alcanzar el efecto deseado y prometido.

La perito, con más de veinticinco años de experiencia en tratamiento con niños, acreditó en su informe pericial que el tratamiento realizado por la odontóloga fue el correcto, realizando las pruebas pertinentes y ofreciendo la información adecuada. También se demostró que el tiempo para que el tratamiento diera resultado fue insuficiente debido al abandono por parte del paciente.Esta declaración era opuesta a lo que expuso la doctora del Servicio de Salud, quien advirtió a los padres de que el tratamiento no funcionaba, causándole al menor una maloclusión y graves daños en la encía, lo que acabaría provocando la pérdida de las piezas dentales.

La doctora que trató al menor después de abandonar el tratamiento manifestó que no existía prueba objetiva alguna que justificara la tesis de la doctora del Servicio de Salud y que en ningún caso se había producido daño alguno al menor.

Con todas las declaraciones de los peritos se dedujo que el trabajo efectuado por la odontóloga demandada podía calificarse de diligente, ya que se realizaron radiografías previas al tratamiento, así como los estudios cefalométricos correspondientes. Además se aplicó un tratamiento adecuado, ofreciendo, en todo momento, la información suficiente y adecuada en forma de consentimiento informado sobre el proceso y sus alternativas.

De esta manera la juez concluyó que no había habido una mala praxis o una vulneración de la lex artis ad hoc por parte de la demandada. Así desestimó la demanda en todas sus peticiones, absolviendo a la doctora