14-01-2016

Un médico acusado de homicidio imprudente, salvado por los peritos.


Madrid.- Últimamente, vemos multitud de casos en los que se demanda a los profesionales sanitarios por la vía penal en los casos de muerte, acusándoles de homicidio imprudente. Hoy veremos cómo un facultativo acusado de tal delito actuó acorde a la lex artis ad hoc por lo que la juez le absolvió a la vista de las declaraciones de los peritos.

Un facultativo fue imputado por el Ministerio Fiscal y la acusación privada por la comisión de un delito de homicidio imprudente, cuando ejercía como médico de Urgencias en un centro de salud. Esta demanda se apoyaba en un supuesto error de diagnóstico y el fallecimiento del paciente a causa de una cardiopatía isquémica con parada cardiorrespiratoria.

El médico estaba de guardia en su centro de trabajo cuando atendió a este paciente, quien padecía un fuerte dolor en el pecho irradiado hacia el brazo izquierdo, además de sufrir un estado de ansiedad. Tras la pertinente comprobación del estado de salud y la exploración pertinente se le realizaron cinco electrocardiogramas al paciente, ya que varios de ellos no ofrecieron resultados concluyentes, a la vez que se le suministraba Diazepan y Cafinitrina.

En vista de los resultados de la exploración y las pruebas el facultativo derivó al paciente al hospital más cercano, que él mismo eligió. El paciente decidió acudir a un hospital privado por us propios medios en vez de solicitar los servicios de emergencias con ambulancia medicalizada.

A los pocos minutos de salir hacia el hospital, mientras era trasladado por su mujer en su vehículo particular, el paciente falleció debido a una cardiopatía isquémica con una parada cardiorrespiratoria con asistolia.

En este caso el profesional sanitario fue imputado por haber permitido al paciente abandonar el centro de salud en su propio vehículo, y además haber omitido negligentemente la activación del protocolo para solicitar una ambulancia para su traslado al hospital.

Durante el juicio el facultativo explicó que el paciente llegó refiriendo un dolor precordial. En este caso había que hacer un electrocardiograma ya que la primera sospecha era de infarto. La lectura de la primera prueba era incomprensible, mientras que la segunda se mostraba incompleta, por lo que se le practicaron hasta tres electrocardiogramas más. Sin éxito en el tercero, en la siguiente prueba se dilucidó la posibilidad de una pericarditis, probabilidad confirmada con la realización del quinto y definitivo electrocardiograma.

Durante el juicio los forenses manifestaron que la actuación del acusado fue correcta. El facultativo actuó conforme al protocolo y acorde a los medios de los que disponía. Atendió al paciente con premura, aunque no interpretó correctamente el electro. Además aclararon que para la interpretación del mismo contaron con el apoyo de un especialista en electrocardiogramas.

Por su parte, uno de los peritos reconoció que se trataba de un registro electrocardiográfico con cierto nivel de dificultad para establecer determinado diagnóstico. Consideró que a la vista del electro se podía hablar de sospecha de infarto, pero también podría tratarse de una pericarditis u otras patologías.

Además otro perito que declaró en el juicio manifestó que la actitud del doctor acusado de remitir al paciente al hospital fue extraordinariamente prudente y acorde con la lex artis ad hoc, ya que una vez suministrada la Cafinitrina lo correcto era derivarlo al hospital. En el centro de salud no se podía hacer nada más y recalcó que probablemente era más rápido que el paciente acudiera por sus propios medios antes que esperar a la llegada de la ambulancia.

El resto de médicos forenses y peritos no pudieron asegurar que en caso de que el paciente hubiese sido trasladado en ambulancia hubiera sobrevivido, incluso en el caso de aplicación inmediata de los desfibriladores.

En el proceso penal tampoco se acreditó la relación causa-efecto entre la omisión del traslado en ambulancia y la parada respiratoria que causó la muerte al paciente. Con todo lo demostrado durante el juicio la magistrada procedió a absolver al médico acusado del delito de homicidio imprudente.

Publicado en Gaceta Médica.